En esta ceremonia de la confusión en la que vivimos, el nuevo gobierno busca gestionar sus tiempos, para enmascarar su debilidad parlamentaria y así, poder blanquear ese fraude político de la moción de censura. Rehenes de sus actos, el nuevo gobierno empieza esta andadura con un vergonzante silencio sobre el coste real para los españoles de su ascenso a la Moncloa. Con lo que nos dieron con el plasma de Rajoy. Por mucho que busquen edulcorarlo a golpe de postureo fotográfico, el Sr. Sánchez lleva casi un mes en modo silencio. Ni el Congreso, ni los españoles, conocen el alcance de los favores que se forjaron en los despachos, sin luz ni taquígrafos, aunque día a día es constante el goteo de preocupantes noticias al respecto.

Una calculada puesta en escena de este nuevo Julio César, para mayor gloria de la socialdemocracia, dispuesto a pasar su Rubicón a costa de la dignidad de la nación más antigua de Europa. Pero todo fin se justifica por sus medios, y aquí este PSOE lo tiene claro, al precio que sea. Con los independentistas marcando el terreno, los filoetarras y nacionalistas frotándose las manos ante las concesiones manchadas de sangre y los neocomunistas ejerciendo como los nuevos Sabios de Grecia escupiendo aforismos por doquier, la estética del buenismo y el guerracivilismo militante retoman un protagonismo para sobrellevar esa peligrosa gestión del conflicto en la que tanto les gusta vivir.

Es el nuevo panem et circenses de los laboratorios sociales, para abducir a las masas con buenas dosis de populismo, demagogia y posverdad, inoculados quirúrgicamente por sus altavoces mediáticos. Los nuevos ítems lanzados al foro público para regocijo de esa masa revanchista así nos lo muestran. Franco, inmigración, eutanasia, acercamiento presos etc, todo vale para que la masa diluya lo importante y trascendental en medio del bullicio populista. Estamos acostumbrados a su política de titular, a sus continuas cortinas de humo para tapar su incapacidad de gobernar, de gestionar lo público. Son hechos constatados. Por dos veces el neoprogresismo de esta izquierda revanchista, nos ha llevado a la ruina. Sus cantos de sirena, esos que tanto gustan a esa progresía de salón dispuesta a todo para salir en la foto, surten un efecto devastador en nuestra sociedad. Un engaño continuo, como el de la Financiación. Ese mantra sagrado que no han dudado en aparcar a la primera de cambio.

Una abdicación en toda regla, para mayor vergüenza de los que se subieron al carro de una reivindicación histórica, una prioridad inaplazable, en la que por cierto, el único que siempre había estado era el Partido Popular. Un frenazo en seco a las expectativas de una ciudadanía que reclamaba no ser más que nadie, pero menos tampoco. Porque cuando hablamos de financiación estamos hablando de igualdad, y el compromiso de actualización del sistema, ahora que habíamos conseguido estabilizar las cuentas del Estado, lo hacía factible.

Una preocupante vuelta a la bilateralidad, a los pactos secretos con unos que excluyen al resto, y de eso los valencianos tenemos sobrada experiencia. Una muestra más de la manipulación del interés general, que aún desde las diferencias y posicionamientos ideológicos debería mantener la clave de bóveda del bien común. Ahora ya no es necesaria la financiación. Los problemas de la sociedad han desaparecido de repente como obra y gracia de estos nuevos alquimistas de la política espoleados por la posverdad.

Una falsa regeneración, una manipulación calculada del ethos para construir un relato que legitime esa falsa superioridad moral de la izquierda y poder asentar un poder total, sobre todo y sobre todos. Ese es el verdadero espíritu en estos nuevos tiempos y para ello, nada mejor que una sociedad ávida de panem et ciercenses. Pero eso sí. La Caja del Estado llena de nuevo y los Presupuestos más Sociales de la Historia, el último servicio del Presidente Rajoy en marcha. La izquierda invita y la fiesta la pagamos todos.

Juan Vicente Pérez Aras

Diputado PP por Valencia