La nueva liturgia política nos trae cada cierto tiempo nuevas nomenclaturas que entran a formar parte de nuestro día a día. Las siglas P.A.C. (Política Agraria Común) son una de ellas y su trascendencia en los últimos años está fuera de toda duda, al contribuir y jugar un papel fundamental en la propia construcción europea, de acuerdo con los objetivos recogidos en el artículo 39 del TFUE, plenamente vigentes.

Los profetas de la catástrofe y los augures de los cataclismos, que desde los altavoces mediáticos lanzan sus diatribas contra todo aquello que lleva la firma del Partido Popular, vuelven a quedarse en evidencia. La ansiedad mediática que nos corroe como sociedad, para socavar al proyecto político más potente de nuestro tablero político, ha buscado desde el primer minuto, trasladar la sensación de que la PAC ya estaba cerrada y con un resultado negativo para España.

De nada vale que una y otra vez, no solo todo el equipo ministerial, la propia Bruselas o la ministra Tejerina en persona, hayan salido ante la falsa alarma generada de manera consciente. Aquí las sentencias y las penas de telediario se dictan antes. Por eso han vuelto aquedar en evidencia. La propia ministra, la semana pasada en el Congreso, insistía en el total compromiso del Gobierno en las negociaciones del próximo Marco Financiero Plurianual que acaban de comenzar, con el objetivo de mantener el nivel de apoyo de la Política Agrícola Común para nuestros agricultores y  ganaderos. Un trabajo que lleva meses de preparación y que nos ha permitido afrontar las negociaciones, que ahora comienzan, desde una bajada del presupuesto del 5% y no del 30% como había anunciado la Comisión y a las que se cogieron todos.

Lo mismo dijeron en el anterior período, anticipándose a una negociación que logró incrementar para el período 2014-2020, unas ayudas de más de 47.000 millones de euros, pese a que por primera vez había menos presupuesto para el conjunto de la Unión Europea. Ahora volvemos a negociar y el objetivo de España es mantener el nivel de apoyo de la PAC para nuestros agricultores y ganaderos, porque ellos deben ser sus principales protagonistas y destinatarios. Una PAC que debe contribuir a posibilitar la equiparación del nivel de renta agraria al resto de sectores productivos de la UE.

Sin olvidar que debe ser un fiel reflejo de esa diversidad agroclimática que alberga un amplio abanico de modelos productivos en agricultura y ganadería. De ahí que debemos impulsar y defender tanto la agricultura de montaña, como la mediterránea, siempre relegadas ante un modelo continental que debe flexibilizarse ante los nuevos retos locales, como la despoblación y el relevo generacional en el Mundo Rural, y globales, ante el incremento de la población mundial, que hará necesario producir más con menos recursos, aumentando nuestro compromiso con el medioambiente para luchar contra el cambio climático.

Una PAC que ha de contribuir al mantenimiento de un medio rural vivo, a la defensa de nuestros productos con estándares efectivos que garanticen esa necesaria reciprocidad ante los Acuerdos de Libre Comercio, a la potenciación de esa internacionalización que nos caracteriza, diversificando y abriendo nuevos mercados. Simplificando los procedimientos y armonizando una normativa para garantizar también una necesaria seguridad jurídica.

En definitiva, nos encontramos ante una oportunidad no exenta de dificultades. Por ello, esa voz autorizada del campo valenciano Cristóbal Aguado, lanzaba un mensaje nítido y rotundo en la reciente Asamblea General de AVA-ASAJA, “Bruselas tiene que darse cuenta de la necesidad de imprimir un giro sustancial a su política agraria porque la actual no sirve para ayudarnos a resolver nuestros problemas y ahora que se está debatiendo la nueva PAC para 2020 tiene una oportunidad inmejorable de hacerlo”.

Ese es el reto y la oportunidad para garantizar esa imprescindible sostenibilidad social, económica y medioambiental de nuestro mundo rural.

Juan Vicente Pérez Aras

Diputado por Valencia