Estas feministas que quieren modificar la morfología de las palabras, queriendo crear una gramática absurda e innecesaria. Mujeres autodenominadas feministas, que lucen el vello de un cuerpo sin depilar, que no lo bello de su cuerpo. Feministas que presumen de la menstruación, pero que reniegan de tener hijos porque “esclaviza”. En la actualidad, las mujeres son libres de decidir por sí mismas y cada vez hay menos prejuicios en cuanto a la maternidad y la sexualidad; por lo que cada una decide si quiere o no convertirse en madre o, incluso, ser el medio para que otra persona se realice como madre. La maternidad es una opción no una obligación, ni para ellas ni para ninguna mujer en un país desarrollado.

Estas mujeres que utilizan su violencia verbal y física hacia sus congéneres del sexo opuesto, sus semejantes (cualquier persona respecto a otra), como si les fueras la vida en ello. No me identifican, ni a mí ni a la mayoría de las mujeres.

FEMINISMO: Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

Pero no todo vale, los temas se han de tratar con respeto; Sin culpabilizar al hombre y victimizar a la mujer, queriendo crear una brecha insalvable entre ellos.

Sin meter a todos los hombres en el mismo saco, es injusto, tenemos la suerte de disponer de la mayoría de los hombres de nuestra parte, apoyando la petición de nuestras libertades y derechos y dispuestos a manifestarse con nosotras, las mujeres, codo con codo, apoyándonos los unos a los otros, conociendo el valor que como ser humano tenemos cada uno.

No comparto los modos de estas feministas radicales, cuya denominación de “Feminazis” se han ganado a pulso por su demostración continuada de intransigencia y por creer que su actitud al manifestar sus ideas para la igualdad es la única válida, y cualquiera que lo cuestione es “machista”.

Está muy de moda ser fundamentalista sin hacer nada por la causa. Autoproclamarse feminista, anarquista o anticapitalista, está muy de moda. A la vista está.

La reivindicación de los derechos de las mujeres en la pasarela se ha convertido en un tema recurrente para infinidad de firmas dentro de la moda. Prácticamente, quieren que vestirse se convierta en un acto político, y más que político, feminista. Pero de una manera que no beneficia en absoluto a las mujeres, de hecho, veo cada vez más modelos en las pasarelas con apariencia andrógina y cuerpo escuálido con las que no me veo identificada como mujer, en absoluto; por otro lado, muchas de estas empresas de ropa mantienen fábricas en países donde la explotación de la mujer es evidente, manteniendo sueldo y horario del país de origen, frivolizado con una causa social que lleva siglos luchando por ser tomada en serio.

Sobre todo, yo creo que la cuestión reside en educación, educar en el respeto a los demás, en el respeto a la propiedad ajena, en el respeto al individuo más allá del género, en pedir permiso para tocar o coger lo que no es tuyo (y esta norma se puede extrapolar a cualquier ámbito) para mí es la más importante. La sociedad ha normalizado la mala costumbre de quedarse con lo ajeno, desde políticos a cualquier ciudadano de a pie. Me sorprende, como la sociedad en vez de trabajar el respeto a uno mismo y a los demás sigue mandando mensajes subliminales en la publicidad. Transcribo unas frases de un anuncio de una empresa de telefonía que actualmente sale en la televisión… por tomar un ejemplo, “…A mí nadie me dice lo que tengo que hacer, yo hago lo que me da la gana, se tú, mira por ti…” Pura egolatría… Estamos fomentando una sociedad del YO primero… Es cierto que uno ha de quererse, yo soy individualista y defiendo las libertades, pero el egoísmo es, digamos, el aspecto “maquiavélico” del individuo. Pisar a los demás o dejar de respetar tiene otra denominación y es “despotismo”.

Siendo conscientes de que las normas y la información, por sí solas, no son garantía para lograr ningún cambio, el planteamiento de la INTERIORIZACIÓN del problema para conseguir metamorfosis que se transformen en hábitos es imprescindible. Desde mi punto de vista y abarcando el tema de un modo constructivo, pienso que se trata de inculcar educación y mentalidad saludable en valores y ética desde la infancia, para que en la juventud no nos veamos en la tesitura de intentar mudar conciencias y en la edad adulta tener que seguir luchando contra la injusticia, la desigualdad y la lacra del “machismo”, pero sin irnos al extremo contrario, el “feminismo” homólogo al machismo, pero de sentido opuesto. Rechazo cualquier postura ideológica donde los términos de igualdad de sexos se pervierten en pro de una superioridad de lo femenino y la discriminación del hombre. (porque en términos generales, se precisa huir de las denominaciones que implican un “ismo”) Soy mujer, femenina y feminista, pero no en términos fanáticos porque no debemos olvidar que luchamos por un día en el que no hagan falta “ismos”, por un mundo generoso en igualdad para todos.

Estoy de acuerdo con la necesidad de un movimiento socio-político reivindicando la igualdad de género para, así, eliminar la brecha salarial entre hombres y mujeres, pero también la conciliación entre la vida laboral y la familiar, respetando el derecho de cada mujer a elegir trabajar dentro o fuera del hogar si ser juzgada, siempre que se sienta realizada. Teniendo en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres, con derecho de ambos a ser sensibles, a expresar emociones y a triunfar individualmente; Digamos que más que igualdad necesitamos equidad, igualar las oportunidades respetando las diferencias. La equidad de género representa el derecho a nuestros derechos y la tolerancia de nuestras diferencias. Estoy de acuerdo en esa educación que fomenta el compañerismo, la amistad y tolerancia entre personas de sexo opuesto. Una educación con ausencia de odio, aunque pujando en contra de cualquier forma de disyunción sexual en el ámbito educativo, profesional o en cualquier contexto de la vida. No necesito igual numero de hombres y mujeres en los puestos de trabajo e instituciones, necesito eficiencia, expedientes curriculares sin foto ni género, eso sería para mí, igualdad.

Estoy del lado de las feministas que actúan de forma racional y práctica, aquellas que trabajan por la igualdad de hombres y mujeres dentro de un sistema que, al menos de cara a la opinión pública, se jactan de una capacidad de comprensión casi ilimitada hacia los movimientos que luchan por los derechos de cualquier segmento de la población.

Del lado de aquellas que están en pro de la escolarización de niñas, reivindican el derecho al aborto, porque cada cual es muy libre de hacer con su cuerpo lo que buenamente decida; De las que rechazan categóricamente cualquier violación contra la dignidad de la mujer; Estoy a favor del feminismo que lucha contra la mutilación genital, el abuso sexual, las violaciones y la esclavitud sexual de la mujer, aún iría más lejos, de cualquier ser humano (independiente del género o edad de la víctima).

El gran problema del feminismo no es la desigualdad, ni el abuso al que las mujeres se ven sometidas, ni la violencia gratuita a la que se enfrentan las mujeres diariamente si no el odio y la intransigencia que domina al movimiento para con el resto de las expresiones de género. Reconocer la diferencia entre hombre y mujeres y demás identidades de género y entender sus posibles combinaciones, es extremamente importante para poder construir una sociedad más tolerante y equilibrada.

Sofía Carramolino

Escritora