Jose L. Pichardo firma opinion

Esa es la gran pregunta, el gran interrogante, que flota ahora mismo en los círculos financieros no solo valencianos sino también en clave española, y que a nadie se le olvide, en los corrillos de la Unión Europea.

El traslado exprés de las principales entidades catalanas más el Banco Mediolanum a Valencia y Alicante, abre un escenario totalmente inesperado en el ámbito valenciano, pero también en el contexto nacional por muchos motivos.

En primer lugar, porque a todas luces parece un traslado temporal, ya que todo el mundo considera que a pesar de la situación de emergencia en Catalunya, a las puertas de esa locura llamada independencia unilateral,  las dos principales entidades financieras de la comunidad vecina, tienen arraigo de un siglo en tierras catalanas.

Un factor por tanto, que induce a pensar que a pesar del traslado forzoso, más como medida de presión que como ejercicio real, ya que sus bases operativas seguirán en Barcelona, al igual que sucede con Bankia en Madrid, no se extenderá en el tiempo, y por ello la Comunidad Valenciana se verá beneficiada durante una temporada.

Aunque bien es cierto, que por estas tierras no se esperaba ni por casualidad el convertirse en una city improvisada albergando tres sedes sociales de los cinco grandes bancos que operan en nuestro país junto con el Santander y el BBVA.

Por tanto, el regalo financiero ya es una realidad, y aunque sea pasajero ya dejará un reguero de millones en forma de tributaciones al tiempo que permitirá recuperar un cierto esplendor económico.

Un nuevo escenario que se produce  después de que los valencianos perdiéramos precisamente nuestras entidades de referencia y que ahora sean las “culpables” de la llegada de sus dueños, de marcas como Bancaja, Banco de Valencia o la CAM.

El tiempo, las circunstancias o el delirio colectivo de Puigdemont y compañia, dirán si Caixabanc, Sabadell o Banco Mediolanum podrán echar raíces en tierras valencianas o será un sueño financiero en forma de postureo con el objetivo de asfixiar únicamente la economía del Govern independentista catalán.