La recuperación de la alcaldía de Alicante por parte del PP, con Luis Barcala ya como nuevo alcalde, es algo más que un cambio de gobierno o la vuelta del PP a la segunda ciudad de la Comunitat Valenciana y una de las principales alcaldías del PP en España. Guarda un profundo simbolismo que podemos resumir en tres frentes:

El primer frente, el fracaso de los pactos y tripartitos de izquierda. Alicante ha puesto en evidencia que los llamados ‘pactos de perdedores’ de la izquierda, que actualmente gobiernan la Comunitat Valenciana, Valencia, Castellón y la mayoría de alcaldías, han sido incapaces de gestionar, abrir una nueva etapa y hasta negociar un nuevo acuerdo. Puede que en el Botànic o en el Ayuntamiento de Valencia guarden las apariencias, pero en Alicante ha saltado todo por los aires. La alcaldía de Alicante es ya un símbolo del fracaso de esa izquierda que venía a  regenerar y ‘rescatar personas’. No han cambiado nada, han dejado la ciudad peor y han caído en prácticas que tanto criticaban como adjudicaciones a amigos, enchufismo y un ex alcalde, Gabriel Echávarri, procesado y enrocado.

El comportamiento de esta izquierda una vez Barcala fue elegido alcalde deja mucho que desear, con descalificaciones de “tamayazo” y “corrupción”. No señores, si hoy la izquierda no gobierna en Alicante es exclusivamente responsabilidad de la izquierda, incapaz de acordar. Ni del PP ni de Ciudadanos. Una izquierda que por mucho pecho de dignidad que saque estaba dispuesta a ceder antes las presiones de Belmonte y darle un sueldo, al menos por parte del PSOE. Así que Puig no dé lecciones porque su partido había dicho sí a Belmonte con tal de retener la alcaldía.

El segundo frente es Ciudadanos, el partido que siguiendo su guion no se mojó ni se mojará hasta después de mayo de 2019. Las encuestas le son favorables al partido de Rivera y Alicante es una ciudad en la que tuvieron un buen resultado y han puesto como prioridad para crecer e incluso ganar. La llegada del PP a la alcaldía puede trastocar estos planes. Si Barcala lo hace bien y genera una buena imagen, el voto en mayo de 2019 irá al PP en lugar de a un Ciudadanos empeñado en pescar en los caladeros ‘populares’.

El tercer frente es el propio PP. Recuperar la alcaldía de Alicante es un chute de moral y optimismo en un partido que ha atravesado momentos duros. El PP en toda la Comunitat Valenciana era una fiesta al conocer la noticia. Acertó Isabel Bonig cuando dijo que “la reconquista empieza por el sur”. La militancia del PP necesita creer que se puede ganar y gobernar, necesita referentes y buenas noticias, y la alcaldía de Alicante es ese aliciente. Ese faro que guiará y servirá de ejemplo a los que en 2019 se presenten a las elecciones en otras ciudades.