Un nuevo concepto, el de ruralidad, que va a entrar de lleno en la agenda política y del que vamos a oír hablar mucho. Un concepto que hace referencia al conjunto de los fenómenos sociales que se desarrollan en el entorno rural y que permiten construir identidad. No exenta de debate esta definición, lo que es una realidad es la ya inaplazable exigencia de dejar de ser una mera palabra descriptiva, para convertirse en una realidad, puesto que de la misma va a depender el porvenir de muchas zonas de España, sumidas ahora en la angustia de la despoblación.

Desde el Partido Popular lo hemos tenido claro desde siempre. Forma parte de nuestro ADN y prueba de ello no solo es el paquete de medidas contra el reto demográfico y la despoblación fruto del trabajo desde las Cortes Generales, sino también el reconocimiento por el Parlamento Europeo de esos territorios desfavorecidos, con menos de 12’5 y 8 hab/km2, lo que supone la aplicación, por primera vez, del art 174 TFUE. Un reconocimiento que marca un hito en la lucha contra la despoblación y en el que he tenido el honor de participar, al propiciar que el Vicepresidente del parlamento, Ramón Luis Valcárcel, conociera el trabajo de Pilar Burillo y así preparar las Enmiendas al nuevo Reglamento de Disposiciones Comunes para el reparto de los futuros Fondos Europeos, que suponen todo un reconocimiento a las 10 SESPAs de nuestro país.

Un trabajo concienzudo que fue aprobado por unanimidad  y que esta semana ratificará el Pleno del Parlamento. Un paso adelante que establece una nueva tipología territorial, las áreas rurales, que permitirá a Eurostat ofrecer una información fidedigna aplicando todos sus parámetros. Estos nuevos criterios aprobados ponen en valor el papel de las entidades locales en esa gobernanza multinivel, como entidades finalistas. Una exigencia histórica de los propios territorios afectados, que veían como se diluían las ayudas europeas por el filtro de las Administraciones superiores.

El problema de la despoblación es consecuencia del modelo actual, sometido a demasiados prejuicios y luchas de poder por el control de los Fondos. Por eso es necesario un cambio de modelo. Un cambio que visibilice las zonas rurales y el emprendimiento como algo real, por mero desconocimiento, al dejar siempre al margen a los verdaderos protagonistas de esta demotanasia, las personas que viven en el territorio. Por eso es prioritario establecer estrategias y territorializarlas para cada zona en función de su propia idiosincrasia.

El problema al que nos enfrentamos es que los territorios rurales, frente a la globalización, son territorios perdedores. Por ello hay que revertir las políticas actuales, porque no han funcionado. Hay que romper el techo de cristal, estableciendo un nuevo enfoque que deje de hacer las cosas como siempre y nos permita innovar. Hay que establecer un inventario de recursos, abrir escuelas y dotar de personal público los pueblos para cubrir los déficits de servicios que padecen. Y para ello la planificación debe ser algo abierto, innovador, flexible, que permita el debate. Porque las zonas rurales están hastiadas de tanta teorización, cansadas de promesas, quieren hechos.

Debemos priorizar, porque llegamos tarde, pensar en el territorio y definir dónde actuar. Hay que pasar del Localismo al Enfoque Local y, para ello, será imprescindible que las intervenciones de gestión del territorio no recaigan solo en las Administraciones Públicas, sino también en manos de la sociedad civil. Por eso es tan importante el Acuerdo de la UE, por el que las entidades locales pasan a tener un peso específico en los Fondos Estructurales. Un nuevo escenario donde el Estado solo tiene que creer, equilibrar y pensar en las medidas que se plantean.

Debemos ver el Mundo Rural no como un problema, sino como un recurso. Y para ello el Empleo es la clave. Un nuevo ecosistema rural donde las personas mayores son una gran oportunidad y la inversión social, rentable. Medidas legislativas propositivas, una nueva fiscalidad para quienes inviertan y vivan allí, incentivos para médicos y maestros que pidan atender estos territorios, junto a esa imprescindible conectividad del mundo rural, deben formar parte del Plan de Emergencia Socio-Territorial para contrarrestar esta catástrofe demográfica. En nuestras manos está.

Juan Vicente Pérez Aras

Diputado PP por Valencia