La vieja distinción que adjudica la cualidad de Hombre de Estado a un político ha sido traída, a colación en los últimos días, tras el fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba. Desde hace unos años esa distinción es cada vez más difícil de identificar, por el hecho de que Hombres de Estado quedan pocos y cada vez hay más politiquillos, por desgracia, para la sociedad en que vivimos.

Winston Churchill decía que Hombre de Estado es aquel que no distingue de tendencias políticas, que utiliza el sentido común para destinarlo al bien general, aunque ello le suponga mermar sus intereses personales o de partido.

En nuestro país, Hombre de Estado es aquel que vela por la defensa de criterios que deberían ser comunes, con independencia al partido del que se pertenezca. Así, la justicia, las pensiones, la sanidad, la educación, etc., deberían ser criterios a defender conceptualmente como algo propio del Estado y su defensa seria básicamente defendida por los Hombres de Estado.

En la actualidad vemos que los políticos que pretenden gobernarnos, con tal de hacerlo, les importa poco defender los conceptos de Estado, y actúan directa o torticeramente inclusive en contra de ellos, en beneficio de sus propios intereses, lo que les convierte en politiquillos.

A este respecto, tenemos muchos ejemplos que el lector tendrá en su mente, como quebrar el principio de unidad del Estado, prometer cosas incumplibles o hasta ilegales que se sustraen del marco constitucional, verificar pactos antinómicos y antinatura ideológicamente hablando, y en definitiva, hacer valer lo propio o los criterios propios en contra de lo que defienden los Hombres de Estado.

Las causas que convierten a los políticos en politiquillos son, evidentemente, la carencia de conocimientos, la falta de preparación, la avidez de poder y el interés de perpetuarse en el mismo, sustraerse a los criterios o normas de control y en definitiva, la falta de respeto a la Ley, a la norma y hacia al otro, y sobre todo a la convivencia.

Herodoto, primer historiógrafo existente en nuestra Historia, validaba el comportamiento humano por el respeto a nuestros semejantes, hasta tal punto que respetaba la decisión de sus enemigos de haberlo desterrado, porque respetaba las ideas y la actitud de los enemigos políticos  que se sustraían de los conceptos que tradicionalmente regían la vida en la polis griega.

En la actualidad, los políticos luchan por defender el lema “O estás conmigo o estás contra mí”, y por supuesto, sin importarles el respeto hacia al otro.

Una paradoja que se introduce en la mente de las personas con una buena formación y conocimiento de las distintas ideas políticas, cuando debería interpretarse de forma teleológica basada en el sentido común e incluir un bien social menos crispado que hiciese velar las ideas aplicables como elementos del interés general.

La carencia de todo esto hace que existan cada vez menos Hombres de Estado, lo que convierte a nuestros dirigentes en simples politiquillos.

Ldo. José Vicente Tello Calvo

TELLO ABOGADOS