A raíz del emblemático martes pasado celebrado en la Comunidad Valenciana en el que, como todos los años desde el primer centenario (año 1.338) del día en que Jaime I el Conquistador (Jaume I) entró en la ciudad, cuando al fin consiguió la rendición del rey musulmán Zayyan ibn Mardanish; el mismo día en que se celebra el día de San Dionisio, el santo de los enamorados en Valencia, y también el día grande de la Senyera, la bandera de la Comunidad Valenciana, à la que se le hace un recorrido por Valencia para que presida esta fecha; quisiera lanzar al aire algunas incoherencias o, digamos, interrogantes que se me plantean.

En primer lugar, los indignados valencianos se cuestionan el porqué de consentir tantas manifestaciones encontradas (8) el mismo día, voy a aclarar que para manifestarse no hay por qué pedir permiso, las manifestaciones no se autorizan (criterio del que se aprovechan grupos independentistas como Arran y la CUP) se pueden limitar o condicionar, pero no hay autorización; por lo tanto, se pueden organizar cinco o cincuenta para un mismo día y en caso de revueltas solo se podría exigir la responsabilidad, en principio, a los organizadores o promotores aplicando el artículo 23.c) de la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, sobre todo en caso de que la celebración de concentración o manifestación sea sin previa comunicación a la Administración pertinente.

Por otro lado, para que los poderes públicos puedan incidir en el derecho de reunión, limitándolo, modificando las circunstancias de su ejercicio, o prohibiéndolo, es preciso que existan razones fundadas, lo que implica una exigencia de motivación de la resolución correspondiente en la que se aporten las razones que han llevado a la autoridad gubernativa a concluir que el ejercicio del derecho fundamental de reunión producirá una alteración del orden público o la desproporcionada perturbación de bienes o derechos protegidos por la Constitución. Pero para ello no basta con que existan dudas sobre si el derecho de reunión pudiera producir efectos negativos, debiendo regir toda actuación limitativa del mismo al principio o criterio de favorecimiento del derecho de reunión. (STC 96/2010, de 5 de noviembre). La STC 66/1995, de 8 de mayo, concreta aún más, cuándo nos encontramos ante un desorden público con peligro para personas o bienes: es una “situación de desorden material en el lugar de tránsito público afectado”, entendiendo por tal desorden material el que impide el normal desarrollo de la convivencia ciudadana en aspectos que afectan a la integridad física o moral de personas o a la integridad de bienes públicos o privados.

Estos son los dos elementos que configuran el concepto de orden público con peligro para personas y bienes consagrado en este precepto constitucional. Ciertamente, en cualquier manifestación puede verse alterado el normal desarrollo de la convivencia por múltiples factores, que a su vez pueden afectar a cuestiones o bienes tan diversos como la tranquilidad, la paz, la seguridad de los ciudadanos, el ejercicio de sus derechos o el normal funcionamiento de los servicios esenciales para el desarrollo de la vida ciudadana; sin embargo, sólo podrá entenderse afectado el orden público al que se refiere el mentado precepto constitucional cuando el desorden externo en la calle ponga en peligro la integridad de personas o de bienes… (no cualquier corte de tráfico o invasión de calzadas producido en el curso de una manifestación o de una concentración puede incluirse en los límites del artículo 21.2 CE).

El caso es que todo el mundo tiene derecho a su opinión, qué duda cabe, pero también que las leyes están para interpretarlas y había razones suficientes como para emplazar algunas manifestaciones a otro día para no poner en riesgo la integridad física de las personas en un día tan señalado para los valencianistas; como por ejemplo: La manifestación de los separatistas, que nada pintaba, los catalanes independentistas viven en una burbuja que han creado y se la creen, como que sin ellos el resto de España sería un secarral donde no crece nada. El caso es que no somos catalanes y mucho menos independentistas por mucho que fleten autobuses para venir a reventar un día tan emotivo para todos los valencianos, instando a enfrentar a ciudadanos con ideologías extremistas y una gran mayoría de gente en medio, situación que a la Delegación de Gobierno y su permisiva actitud con los independentistas les satisface mucho. Desde luego la tensión en las calles era palpable.

Por suerte la jornada acaeció sin grandes diputas. Al parecer, una pelea entre tres jóvenes que fue disuelta en menos de tres minutos. La saña que más me ha sorprendido es precisamente la de las cadenas de televisión como La Sexta y CUATRO, dando la noticia de reyertas que no se registraron y visualizando imágenes de años anteriores que no tenían nada que ver con la celebración del martes pasado, distorsionando la realidad como es su habitual.

Me alegra saber que, aunque tenemos independentistas de Cataluña hasta en la sopa, alzándose como una mayoría absolutista (ya no, desde precisamente el día 9 de octubre cuando el independentismo se quedó en minoría en el hemiciclo) siendo una minoría en el conjunto de los distintos partidos, partidos emergentes están despuntando precisamente por esta afrenta continuada y desmedida.

Sofía Carramolino

Escritora