Las tristes imágenes de estos días nos llevan en el recuerdo a aquellas jornadas de esa otra “semana trágica” a principios del siglo XX en Barcelona. Entonces con el sistema de Partidos de la Restauración en plena crisis y el anarquismo como dueño y señor en la gestión del caos. A pesar de la distancia temporal (110 años), el contexto socio-político y la cruda realidad nos llevan a volver a hacer un ejercicio retrospectivo.

Con un gobierno ausente, desbordado por los acontecimientos y prisionero de su propia táctica electoral, la fuerza de las imágenes de estos días nos han dado a todos un baño de realismo que debe servir, así lo espero, para abrir los ojos de una sociedad que necesita deshacerse de esa mochila nacionalista que tanto daño nos ha hecho a lo largo de la historia.

Rehén de sus compromisos con el secesionismo, al que le debe el cetro monclovita, el sanchismo dominante asiste con desazón a la liquidación de su bien pertrechado rédito electoral. Habían jugado bien sus cartas, de ahí el adelanto electoral. Pero la fuerza de los acontecimientos han demostrado su nula capacidad para reconducir una situación que se les ha ido de las manos. Con el ejecutivo catalán en plena descomposición y su Presidente como un activista más, asistimos a los estertores de un régimen supremacista y herdiano. Su estela de autodestrucción, surgida en el XIX, con su sangriento legado en el XX, debe diluirse de una vez por todas en el XXI, bajo la fuerza de un nuevo cosmopolitismo kantiano.

Los últimos acontecimientos han desbordado la paciencia de una sociedad que de forma abrumadoramente mayoritaria rechaza tanto la forma, como el fondo. Una oportunidad para que las élites políticas tomen buena nota y acometan los necesarios cambios legislativos para recomponer una situación a todas luces injusta para la gran mayoría. Rehenes de las estrategias nacionalistas, acomodadas en un sistema electoral que les favorecía, la sociedad española en su conjunto debe sacudirse el relato nacionalista. Ya no toca. Somos una sociedad madura y una de las democracias más avanzadas del mundo para tener que soportar esta rémora intelectual a beneficio de inventario.

Una delgada línea roja, la que separa la razón de la barbarie, ha sido cruzada por aquellos que han buscado reescribir la historia y cercenar al Estado español para justificar una entelequia histórica. Ellos mismos han sido víctimas de sus propias incongruencias. La vuelta al estado naturaleza, al reino del caos, a la violencia sin justificación, ha vuelto a fracasar ante una sociedad que al final se ha quitado la venda de los ojos, para darse cuenta de los peligros de esta deriva cívica. No han perdido su pulso al Estado, lo han perdido con la sociedad española donde también se incluye la Cataluña silenciosa y silenciada por años de totalitarismo nacionalista.

En plena efervescencia global, con la revolución digital derribando muros y tendiendo puentes no podemos caer en el victimismo de aquellos que siguen manipulando la argumentación sobre el derecho de autodeterminación en este siglo XXI. Formamos parte de un país que en su complejidad y diversidad ha sabido superar retos históricos, aportando lo mejor de si mismo a la civilización occidental. Lástima que la izquierda siga buscando reescribir la historia en vez de aprender de ella, para no repetir los errores del pasado.

Debemos trabajar por fomentar una mayor y mejor cultura política, lo que redundará en una mejor democracia para así, poder dar cumplida respuesta a las demandas de una sociedad que cuestiona las actuales propuestas y modelos, guiados por el tacticismo partidista. La gestión de las emociones adquiere una nueva dimensión en el juego político. La nueva política apela al individuo como ciudadano, a una política de proximidad que está desbordando las campañas convencionales. De ahí la importancia de no volver a cruzar ninguna línea roja que nos separe desde la sinrazón. Apuntalemos una educación cívica que nos permita crecer como ciudadanos, recuperando el espíritu isocrático del valor de la palabra. La próxima cita electoral es una buena oportunidad para ello, y en el Partido Popular estamos preparados para devolver al ciudadano su papel protagonista, en libertad.

Juan Vicente Pérez Aras

Politólogo – PPCV