En el cúmulo del disparate viario, donde el tráfico de Valencia se ha convertido en un problema que no existía, debido a la acción indiscriminada de la implantación sin freno de carriles bici ubicados por calles y arterias vitales de la ciudad, la última ocurrencia de la Concejalía de Movilidad pasa ahora por ahogar las salidas y accesos del estadio de Mestalla. Una circunstancia que se convierte en un problema de seguridad para los espectadores que acuden a ver regularmente los partidos del Valencia C.F

Esta historia de urbanización indiscriminada en la zona comenzaba en el verano de 2018, cuando la fachada del Coliseo valencianista en su parte confluyente con la Avenida de Aragón, contemplaba como el carril bici era creado justo en su trayectoria paralela, no ya solo ya a la altura del propio estadio, si no recorriendo todo el trayecto viario, lo que perjudica la entrada y salida del recinto por esa zona.

Si a eso le unimos la dificultad del acceso por esa avenida, debido al vallado del famoso solar que dejaba la demolición del antiguo ayuntamiento y destinado a la construcción del futuro hotel, nos encontramos con un serio problema de evacuación de los espectadores que salen del estadio, principalmente por la grada norte.

Pero Grezzi, no contento con la creación del carril bici en la Avenida de Aragón ha decido crear otro en la calle General Gil Dolz, que desemboca justo en el propio estadio por la parte sur de la Avenida Suecia, creando un peligroso cuello de botella en los accesos al campo del Valencia C.F.

Y además, el nuevo carril bici del Concejal de Movilidad que trascurre por Gil Dolz pasa ¡por delante del monumento a la alfición! ubicado también en esa zona, para discurrir frente a la fachada del estadio y culminar en Blasco Ibáñez. Un recorrido peligroso, sin duda, no solo ya por dificultar esos accesos de entrada y salida al estadio, sino por la posible derivación de incidentes entre los usuarios del carril bici y el público que se concentra en los aledaños del campo de Mestalla en los prolegómenos de los partidos, a los que hay que sumar una creación de glorietas peatonales que generan más obstáculos urbanos, ante una inminente evacuación del estadio debido a una situación de emergencia.

Además, en esta creación de obstáculos urbanos que pondrían en riesgo la evacuación de los espectadores, el gobierno de Joan Ribó ha estrechado la salida de la calle Artes Gráficas hacia Mestalla con la creación de semáforos y glorietas complicando también este acceso de entrada y salida al campo.

Y por último, para rematar la faena, Grezzi también ha decidido implantar una glorieta justo en la confluencia entre Blasco Ibáñez y la Avda. Suecia, generando otro cuello de botella que dificultará seriamente la evacuación de los espectadores de Mestalla en caso de urgencia.

Por tanto, no hablamos ya de una implantación sin sentido e indiscriminada de carriles bici sino de un peligro real en una evacuación necesaria en caso de una situación anómala, para los espectadores que acuden regularmente a ver los partidos del Valencia C.F.

Una circunstancia que cruza todas las líneas rojas y que mezcla favorecer la movilidad en la ciudad en la medida de lo posible, creando carriles bici con criterio y buen sentido, a convertir ese proceso en recorridos indiscriminados con trayectorias incomprensibles y lo que es peor, en poner en serio riesgo la integridad física de las personas.

Es hora de replantear la faraónica obra de Grezzi sustentada sobre las dos ruedas, y pensar en un modelo práctico, efectivo, agradable y seguro, tanto para los usuarios de bicis o patinetes eléctricos como para la sociedad valenciana en su conjunto