Se acabó el período estival y empezamos septiembre con nubarrones de tormenta. Tormentas no solo en el horizonte político, en este peligroso despliegue de la Teoría de Juegos que el Sanchismo está siguiendo disciplinadamente, con España al pairo de lo que más convenga al Presidente en funciones. Una ciclogénesis política con Boris Johnson forzando un Brexit duro, la guerra comercial USA-China, la crisis migratoria en el mediterráneo y una Europa huérfana de liderazgo para afrontar si cabe, el momento político más delicado de su historia reciente.

Una encrucijada política con graves consecuencias en los sectores económicos, como se está advirtiendo en España con este gobierno en funciones y sin funciones. Con la temida recesión asomando por la eurozona, véase Alemania, por aquí seguimos sumidos en la gran burbuja del progresismo de salón y sus gobiernos del cambio, con sus cantos de sirena.

Solo nos faltaba por ver, la propia sumisión del Consell en un tema donde la hemeroteca no les deja en muy buen lugar. La manida Financiación autonómica en su último episodio, con engaño incluido del gobierno. Menudo papelón de aquellos que se rasgaban las vestiduras y montaban manifestaciones con la “sociedad civil”. Pero no solo por eso.

En nuestra tierra, uno de los sectores estratégicos de nuestra economía, sigue sufriendo no solo el olvido de un Consell acomodado en las Instituciones, sino la falta de una estrategia efectiva y demandada por el campo valenciano para afrontar los graves problemas que le afectan. Problemas que se vienen agravando ante la inacción del Consell y que recaen en el eslabón más débil de la cadena, el productor.

Un panorama desolador para el campo valenciano, que año tras año va perdiendo capacidad productiva ante el incesante abandono de explotaciones y la nula capacidad de un Gobierno más preocupado en la ideología que en aportar soluciones eficientes y eficaces tras una Legislatura de gobierno.

Ni el tema del Agua o los problemas en la gestión hídrica en la Albufera, ni el aumento de los costes energéticos, o los daños de la fauna salvaje en las explotaciones, los robos, los acuerdos con MERCOSUR, ni los incumplimientos de la UE en la aplicación de la cláusula de salvaguarda tras los incumplimiento de Myanmar en sus exportaciones de arroz japónica, o la incomprensible pasividad de las autoridades europeas ante las nuevas interceptaciones de citrícos sudáfricanos infestados de plagas, o el olvido de nuestras frutas y hortalizas en la política agraria española y su grave repercusión en la futura PAC, por poner algunos ejemplos, han tenido una clara respuesta por este Consell que venía a “rescatar a las personas”. Eso sí, mucho anuncio y mucha demagogia ante el silencio de muchos.

Un polvorín peligroso con munición suficiente para movilizar a una sociedad que sigue empecinada en ponerse la venda en los ojos y no ver la deriva destructiva de un Consell inoperante. Una movilización necesaria a la que están llamando las Organizaciones Agrarias, como AVA-ASAJA, ante la escalada de perdidas en aumento tras el último año agrario.

Amenazas constantes que recaen siempre en los mismos, los más débiles, que sufren en primera persona unas consecuencias con graves repercusiones para todos, como la última denuncia de los productores de cava, que han venido alertando de las estrategias especulativas injustificadas para hundir los precios a mínimos históricos. Una denuncia que ha provocado la convocatoria por parte de las Organizaciones Agrarias y Cooperativas de una manifestación en Requena el próximo día 5.

Como bien dice mi admirado Cristóbal Aguado, “necesitamos un cambio inmediato y contundente del rumbo de las políticas agrarias a fin de garantizar la supervivencia del agricultor, ante unos resultados absolutamente desoladores y catastróficos que, lejos de tratarse de algo excepcional, se suman a una tendencia de extrema gravedad que está provocando un envejecimiento nunca visto de la población rural y el abandono de campos”.

Los problemas estructurales de producción y mercado y, en menor medida, las adversidades climáticas, han arrojado números rojos en prácticamente todos los cultivos y cabañas ganaderas. Se podrá decir más alto, pero no más claro. El campo valenciano necesita menos ideología y más soluciones.