Tras unas semanas de intensa convulsión política, que nos han llevado de una intensa negociación para aprobar los PGE de 2018, los Presupuestos más sociales de la historia, al debate y triunfo de la segunda Moción de Censura de esta Legislatura, el tablero de ajedrez de la política patria se ha redibujado. Al hilo de lo que nos describía el filósofo coreano Byung- Chul Han, la psicopolítica está marcando una nueva estrategia. Tras el uso de la fuerza de la aritmética parlamentaria, fruto del mismo sistema electoral que algunos insisten en cambiar, precisamente los más beneficiados por el mismo, para asaltar el poder, estamos asistiendo a una estética y audaz puesta en escena perfectamente diseñada gracias al pormenorizado estudio de todos los actores que facilitaron el golpe de mano.

Siempre hay una primera vez para todo, y en este sentido, la dificultad del momento político para las dos grandes formaciones políticas de este país presentaba un horizonte de franca debilidad ante los nuevos actores, populistas y narcisistas. Los Populares, maestros de la gestión no solo habían salvado a España de la quiebra una vez más, sino que con sangre, sudor y lágrimas fruto de su política reformista, apuntalaban una franca recuperación, más avalada desde fuera que desde dentro. La mayoría minoritaria del PP le ha llevado a una política colaborativa en la línea de lo expresado por los españoles en las urnas. Había que entenderse y, fruto de ello, los grandes acuerdos alcanzados con otras formaciones políticas.

El PSOE, con el peor resultado electoral de su historia, en la tónica de sus homólogos en Europa, seguía en caída libre. La podemización llevada a cabo por el actual presidente del Gobierno, les llevaba a una fagocitación por la marca filocomunista, a lo que se sumaba una crisis irresoluta fruto de sus últimos procesos internos. Las elecciones de 2016 avalaron esa caída del bipartidismo imperfecto, y los coros proféticos empezaron a dar por muerto al mismo con la entrada en la partida de dos nuevos jugadores. Con la marca de la “nueva política”, los que venían a asaltar los cielos, bien pertrechados por aquellos que suelen manejar los hilos en la sombra, buscaban socavar la influencia de aquellas dos formaciones políticas que habían pilotado esta nación desde la Transición.

El escenario post crisis empezaba a resultar incómodo para aquellos que viven de la catástrofe. La recuperación evidente de la contabilidad nacional empezaba ya a calar en una sociedad que recogía los frutos de diez años de sacrificio para salir de la crisis. La crisis catalana vino a sacudir a una sociedad española sometida al psicopoder de unos Medios perfectamente alineados, contra el PP, y de un sistema de alianzas espurias para implosionar nuestro sistema de convivencia. Nuestra propia hoguera de las vanidades se retroalimentaba también con una visión sesgada y desproporcionada de la corrupción política y su demoledor calendario judicial. No cabían ya más piedras en el camino.

No es de extrañar que esa entrada por la puerta de atrás, sin precedentes en nuestra democracia, haya generado un shock a la sociedad española que asistía atónita a un cambio de gobierno propiciado por una oscura alianza entre aquellos que buscan romper España y aquellos que siempre la han arruinado. Un juego peligroso que solo se sostenía por el difícil equilibrio de mantener unos PGE que todos habían rechazado, amén de aquellas concesiones que siguen sin aclararse. Un peligroso juego que ha vuelto a poner en valor, una vez más, la fortaleza de nuestra democracia.

Dicho lo cual, una vez consumado el “sí se puede” podemita, descolocado el equipo naranja por sus propios errores estratégicos, ambos colaboradores necesarios del golpe democrático, el nuevo escenario empezaba a descubrir una restructuración de los jugadores en una partida que algunos daban por terminada.

Con los nuevos actores descolocados, la “vieja” política ha tirado de manual. Desde Quinto Tulio Cicerón las cosas han cambiado poco, salvo eso sí, el leal uso de unas Redes Sociales que ya las hubiera querido para sí el bueno de Pericles. Tanto PP como PSOE han visto su ventana de oportunidad y han maniobrado hábilmente para tomar la iniciativa. Una iniciativa que en estos tiempos es fundamental.

Rearmarse y reorganizarse desde sus principios fundacionales. Desde esos principios y valores liberales del humanismo cristiano unos, con su inminente congreso extraordinario. Apelando a la esencia de la socialdemocracia que subyugó al marxismo los otros, con una exquisita puesta en escena de su flamante nuevo Ejecutivo, que llega para quedarse. Movimientos estratégicos que pueden llevarnos a un realineamiento de bloques que vuelva las cosas a su sitio en esta nueva partida que empezamos a jugar.

Juan Vicente Pérez Aras

Diputado PP por Valencia