Desde mi punto de vista… el número total de refugiados acogidos por España desde que se puso en marcha el programa de la Unión Europea en julio de 2015 asciende a 2.782 , casi todos en la costa de Cadiz ( pero no se hace bombo de ello, quizá porque a esos migrantes no se les dio el SIP conforme los recibían, como ha pasado en Valencia) pocos, la verdad; ya que España estaba dispuesta a acoger a 11.137 refugiados, que es el 11,4 por ciento de la cuota pactada cuando la UE se comprometió a recibir a 160.000 personas que huían de las guerras en los países árabes.

Además, España se comprometió a proceder a la reubicación de refugiados desde Grecia e Italia, pese a que el plazo acordado por los Estados miembros de la Unión Europea para la reubicación y reasentamiento de 160.000 refugiados expiró en septiembre sin haberlo cumplido, por lo que es nuestra obligación no solo humanitaria si no por acuerdo tácito. Y no creo que tengamos nada que reprochar a Italia ya que ellos llevan acogiendo refugiados y migrantes hasta decir basta. Los pocos que han llegado a España encuentran complicaciones para integrarse debido a la falta de apoyo para aprender el idioma, las dificultades para homologar sus títulos profesionales y para encontrar trabajo.

Durante todo este tiempo, los pocos que han llegado, han sido apoyados por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. En un centro de acogida gestionado por esta ONG dan empleo a los más afortunados, ya que la mayoría de refugiados tienen dificultades para conseguir uno.

Mi duda es, si es suficiente lo que estamos haciendo o para qué les sirve a ellos y a nosotros más allá de vanagloriarnos por haber aceptado el barco o patera de turno (por supuesto para salvar vidas) si luego los dejamos sin amparo, sin integrar en la sociedad y sin recursos.

El Servicio Jesuita de Atención a Migrantes publicó en febrero del 2017 un informe que en su título planteaba una interrogante: ¿Acoger sin integrar? Este trabajo analiza las características del sistema de acogida español y las condiciones que se dan para la integración real de las personas solicitantes y beneficiarias de protección internacional. El informe destaca que los solicitantes de protección se ven forzados a cambiar a menudo de vivienda y que normalmente residen en pisos o habitaciones compartida. (Qué horror y que pena) Además, los recursos que tienen a su disposición son básicos, “casi de supervivencia”, y con el paso del tiempo “su estatus socio-laboral desciende debido a que hay serias fallas en la homologación de estudios y títulos formativos”, por lo que si logran trabajo, este suele estar por debajo de su cualificación.

Al entrar en el sistema de acogida los solicitantes de asilo que tras seis meses logran ser reconocidos como refugiados pasan por una fase de acogida temporal, otra de autonomía y una última de integración. En estas etapas, que se prolongan por cerca de año y medio, reciben ayudas para mantenerse y alojamiento, pero cuando estas acaban, muchos se ven solos y sin ningún tipo de recurso ¿entonces qué? Mafias, manteros, gorrillas o robar lo que puedan y como puedan…por necesidad.

Reconozco que hay un esfuerzo por parte de la Administración (con fondos europeos), ONG y ayuntamientos para ofrecer cursos de lengua española, pero con esa formación solo se puede alcanzar un “nivel básico” e “insuficiente”. Por tanto, a mi entender, está muy bien que acojamos pero ha de haber una estructura educativa e integradora para que estas personas se acoplen a las costumbres del país porque si no están en poco tiempo dejadas de la mano, abandonadas, sin saber bien el idioma, sin estar integrados en la sociedad y con una cultura totalmente diferente; además de venir de países donde se han enfrentado al terrorismo y a la inestabilidad y por tanto tienen otro nivel de supervivencia, que nos puede procurar miedo. Creo que existe una dejadez patente en los agentes implicados en el proceso y una falta absoluta de voluntad política.

Lo que ocurre es que los Estados miembros de la Unión Europea proponen mucho pero no hacen nada, y es imprescindible que acuerden la necesidad de reforzar las capacidades de los países africanos para que desarrollen su propia autonomía, es decir, en vez de darles un pez darles la caña y enseñarles a pescar para que ellos mismos puedan y les dejen desarrollarse con la progresión natural, este desarrollo podría jugar un papel fundamental para estimular el crecimiento económico en África y evitar que los ciudadanos tengan que abandonar su propio país.

Esto lo digo, porque es obvio que los dirigentes de los propios países africanos se quedan el dinero destinado a ayudas a sus ciudadanos, como también, porqué no decirlo, existen colaboradores de las ONG muy humanitarios de cara para afuera, lo digo con conocimiento de causa, que roban a su propio padre y le dejan sin dinero para poder comprarse una  dentadura que necesita para comer, y luego van de solidarios hacia la gente sin movérseles un pelo del flequillo. Así que hipocresía y aprovechamiento nocivo hay en todas partes.

Por otro lado, y ciñéndonos a la ley, estamos regando de buena fama al “Aquarius” un barco de tráfico humano. Aquarius y Luventa en 2016 realizaban ya viajes de Italia a Libia habitualmente y en dos meses trasladaron a 40.000 inmigrantes. “Además, la bandera del Aquarius es la gibraltareña.

Estos parten de Italia, se paran poco antes de llegar a la costa libia, recogen la “mercancía” humana y regresan a Italia. No es en alta mar. No existe riesgo vital. No es por casualidad. Están muy cerca de las costas libias y son actos deliberados, planeados, con aviso de las mafias que trafican con personas incitando a los migrantes a hacerse a la mar confiados en que serán rescatados muy cerca de la costa y acaban muriendo ahogados porque ni dos ni doscientos buques darían abasto al “suministro” de víctimas que producen las mafias”. No he escuchado nada sobre si hay algún traficante de estos encarcelado.

El mismo día que el barco Aquarius atracaba en Valencia con poco más de 600 inmigrantes a bordo ante decenas de políticos socialistas y centenares de periodistas, llegaban a los puertos de Tarifa y Motril casi el doble de inmigrantes procedentes de África. Más de 1.100 en más de 70 pateras con grave riesgo de sus vidas que, como siempre, han sido acogidos por la Guardia Civil, Salvamento marítimo, la Cruz Roja y las personas voluntarias que siempre ayudan sin espectáculo alguno.

Necesitamos una política de migración y/o ayudar a crear infraestructuras en Africa para que los nativos no tengan la necesidad de huir de su país, porque cualquier migrante sueñan con poder volver algún día a su país.

Sofía Carramolino

Escritora