Hace unos días escribía que quizás los únicos y últimos Presupuestos Generales del Estado podrían ser los que Ciudadanos pactó con el Gobierno (2017 y 2018) con la exigencia de reducción de impuestos en beneficio de la clase media y trabajadora, cumpliendo objetivos de déficit y eliminando los recortes con las cuentas más sociales de una década.

Pues bien, en el fallido debate del llamado “Techo de Gasto” en el Congreso, donde nunca antes se había rechazado una propuesta del Gobierno, se ha podido constatar la debilidad de un ejecutivo con tan sólo 84 diputados que no salieron de un proceso democrático electoral, la irresponsabilidad de un presidente interino que tiene la obsesión de despilfarrar dinero público para financiar su campaña electoral y el gran coste que tendrá que soportar este país que, en una situación económica positiva de crecimiento al 3%, verá cómo el PSOE destina recursos a gasto superfluo, ausencia de reformas y endeudamiento de las generaciones futuras, es decir, mayores impuestos hoy y mañana.

Recientemente, la Ministra de Hacienda, la Sra. Montero, sin una negociación previa, ha dejado claro la intención del Gobierno, mejor dicho, ha evidenciado su negativa a realizar un cambio radical en las políticas educativas, de innovación y de crecimiento necesarias para generar crecimiento sostenido y de calidad, que erradique nuestra lamentable situación, nuestro liderazgo en fraude fiscal, abandono escolar, precariedad laboral y altas tasas de desempleo.

Pedro Sánchez ha elegido el camino más fácil, proponer más déficit (5 décimas), más deuda (20.000 millones), más gasto (6.000 millones), más impuestos (32.000 millones), sin ningún tipo de consenso político, quizás porque se ha dado cuenta que es el gobierno más débil de la democracia, quizás porque tan sólo le interese estar en el poder mientras prepara su campaña electoral.

Él sabe que será la campaña electoral más larga y cara de la democracia a costa de la clase media y trabajadora, quizás no le importe, a nosotros sí.