Ya pasó la Semana Santa y casi la Pascua florida, tiempo este de recogimiento, de reencuentro, de vacaciones y de descanso. Pero este año, la Semana Santa y la Pascua, además de estar marcada por los momentos de religiosidad y tradición que nos conducen al recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, han estado marcadas por otras pasiones, que posiblemente sean sentenciadas, no con la rapidez que ocurrieron y se desarrollaron los hechos de aquel viernes santo de hace dos mil años.

La vida de los pueblos se caracteriza por recordar hechos históricos y celebrar con solemnidad los acontecimientos. En estas fiestas pascuales, hemos sido testigos de una serie de denuncias cruzadas que han desenterrado el pasado de los partidos políticos, y han puesto sobre el candelero encendido historias que han avalado las malas prácticas que han pesado sobre unos y otros.

La palabra INVESTIGADO, se cierne sobre las personas, las dimisiones que para unos se precipitaron, para otros van a marcha lenta, y lo cierto y penoso es que la bíblica “primera piedra” no es digna de ser arrojada por nadie. Si es verdad lo que se anuncia, el calvario puede ser angustioso. Por otra parte, si es mentira ¿por qué tanta información concreta de hechos que suelen estar  penados en nuestro Código Penal?

Sea de la forma que fuere, la dinámica no es la buena. La conducta que siembra sospecha sobre las personas, no es la adecuada ni la digna de un dirigente político con “mando en plaza”, y lo que es mucho peor, si yo exijo que acaben las malas prácticas no puedo estar siendo cómplice de quien las practica.

Tantas denuncias en falso, tantas causas archivadas, tantos inocentes acusados, y tantos delitos gordos sin aclarar solo conducen a la confusión. Ya está bien de impostores políticos, de salva patrias con ansias de medallas, de dedos acusadores que ven la paja en el ojo ajeno y no ven lo que llevan en el suyo y a sus espaldas.

No hace falta gritar, ni acusar, solo hace falta un Juzgado rápido para diferenciar la denuncia falsa de la verdadera; solo hace falta definir la verdad o la mentira, y el que haya hecho de las malas prácticas la norma de “su reinado” que cargue con las consecuencias. Es muy  bonito enseñar a luchar contra la corrupción, cuando yo soy un experto en promoverla, y es mucho más rentable sacar al ciudadano a la calle exigiendo el fin de la corrupción, que llevar la corrupción a la Justicia, y que ella actúe según las Leyes.

Y al final de todo, mi pregunta ¿a todo esto se le puede decir que es tinta de calamar o de sepia? ¡Qué ocurrente! Varios Juzgados investigando, causas y causas abiertas… mentiras cerradas y sepultadas, y viejas historias que se daban por olvidadas y se han vuelto realidad.

Políticos, Política, financiación, casos nombrados, casos innombrables… personas dañadas, presuntos investigados, casos archivados, mentiras prolongadas, y por resumen solo hay una pregunta ¿de quién me puedo fiar? ¿Dónde quedó aquella predicada regeneración? Posiblemente este guardada en la hemeroteca, esperando al 2019 para ser desempolvada y salir de nuevo a la luz, en forma de frases inventadas que vendrán a salvar la historia, a devolvernos la ilusión, a hacernos creer en un mundo mejor; pero a mí no me engañan y a ti querido lector tampoco, quizás la mejor solución sea que todos esos predicadores se marchen a casa; que vengan caras nuevas, manos limpias, técnicos que sepan de que “va el rollo”, y sobre todo conductas limpias, si limpias, capaces de generar esperanza y de demostrar que se predica con el ejemplo.

La tinta de calamar y la sepia, dignamente cocinada resulta exquisita combinada con un arroz negro o unos fideos a la pescadora;  los ciudadanos de a pie, necesitamos claridad en la gestión y eficacia ante los casos que se nos ponen delante y que son difíciles de explicar.

La historia necesita ser escrita con lucidez.

Feliz miércoles.